European Vegetarian Union

El derecho de los animales a vivir

(Abril 1998)

Deutsch - Italiano - English - de EVU News, Num. 2 /1998 - Français - Polski

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Prof. Dr. Jean-Claude Wolf

La condena moral de la crueldad hacia los animales es parte esencial de nuestra moralidad diaria, la llamada moralidad de sentido común. Esto se considera moralmente evidente, la crueldad hacia los animales se considera deshonorable, cruel y como expresión de un mal o un carácter moral primitivo. Esta condena general de infligir sufrimiento innecesario se puede extender fácilmente hacia todos los seres con capacidad de sufrimiento. ¿Por qué el sufrimiento de criaturas de especies distintas de la nuestra, se debería considerar de menor valor simplemente porque esas criaturas no son de nuestra especie?

¿Tendrán también los animales, sin embargo, un inherente derecho a vivir? Desafortunadamente, nuestro sentido común nos falla respecto a la matanza de animales. Muchos humanos no lo consideran una acción moralmente cuestionable, siempre y cuando los animales se maten de una manera rápida y sin dolor. Ya que, se argumenta, la mayoría de los animales no pueden querer conscientemente su propia supervivencia, debido a que no son conscientes de sí mismos como opuestos a otros seres, ni como seres con un pasado y un futuro. Aún cuando tienen el instinto de supervivencia, esto no se puede ser visto como el deseo consciente de sobrevivir, como individuo distinto.

Además, los animales tienen el impulso de huir y generalmente prefieren una vida fuera del cautiverio, sin embargo, esto también es instinto por lo tanto, tampoco es un imperativo moral respetarlo, por dos razones: El luchar por la libertad de movimiento se puede lograr idealmente en cautiverio, en un establo y un campo adecuado para cerdos (1), por ejemplo. Este deseo, sin embargo, no se puede confundir con el deseo humano de autodeterminación, esto es, de una forma de vida que es consistente con el conjunto de valores propios y sin la humillación sistemática o determinación de otros. Los animales no humanos no son capaces de este deseo de más alto nivel por la libertad.

Además, hay otra razón para descartar moralmente el deseo de libertad de los animales: La satisfacción de este deseo no está del todo dentro de los intereses objetivos de un animal que podría congelarse o morir de hambre o ser cazado y mutilado al estar en libertad, mientras que en cautiverio, es provisto de alimento, calor y —hasta el momento de ser sacrificado— es librado de todo daño. (Si fuera posible matar a un animal evitando todo sufrimiento, se haría también en el acto del sacrificio.)

Amigos poco usuales
Sin ningún daño, Buachan, un campesino tailandés, sobrevivió su intento récord de pasar una semana con más de 100 serpientes venenosas. Cuando salió de su jaula de cristal dijo: ‘Estoy muy contento de haber hecho tantos amigos nuevos. Más de 100.’
St. Galler Tagblatt. 14.5.1998

La mayoría de los humanos desarrollan una nueva sensibilidad a un nivel más elevado, particularmente en cuanto a la falta de libertad, manipulación y determinación por parte de otros. Sin embargo, esto no debe cegarnos ante el hecho de que la mayoría de los animales sí poseen sensibilidades más simples que, ciertamente, pueden compararse con la de un infante o niño pequeño.

Hay una segunda objeción a extender a los animales una prohibición estricta de matar. Vamos a suponer una situación en la que los sistemas intensivos de granja fueran —en su mayor parte— abolidos y los humanos dejaran de pensar en matar animales para obtener alimento. ¿Se podrían, en este caso, justificar moralmente los experimentos dolorosos o mortales que se practican en animales para el progreso de la medicina?

¿Por qué son los experimentos con animales —de entre todas las cosas— tan violentamente atacados, aún en los casos en que sirve a los propósitos de la ciencia? ¿Podríamos imaginar que en ciertos casos el experimento con animales, con la subsiguiente muerte del animal, por ejemplo, puede ser vista como un acto legítimo de autodefensa; un caso en que o continuamos dejando que los humanos mueran de SIDA o sacrificamos animales de laboratorio para poder desarrollar un tratamiento efectivo contra la enfermedad?

Una respuesta positiva para esta pregunta es, por supuesto, de particular relevancia cuando ocurre dentro de un marco cultural donde se practica la matanza masiva de animales con el fin servir de alimento. En esta cultura, el matar a un reducido número de animales para uso de laboratorio difícilmente tiene alguna relevancia, hasta parece ser apoyado por honorables intenciones comparado a la simple satisfacción del deseo por la carne.

Este recurso de llamarlo legítima autodefensa parece ser un intento de razonamiento particularmente trasparente. Sin embargo, bajo una observación más detallada, el razonamiento detrás del concepto de defensa propia que resulta en muerte es ya de por si inesperadamente complejo entre humanos, ya que no siempre resulta evidente qué es lo que realmente constituye una verdadera emergencia. Cuando hablamos de emergencia, nos enfrentamos con un problema similar al que aparece al considerar temas como el infligir dolor necesaria o innecesariamente u otras depravaciones (que infringen la calidad de vida). ¿Cuándo es realmente necesario hacer daño o matar?

El término de necesidad a menudo está tan diluido que casi cualquier interés humano, no importa lo irrelevante que parezca, constituye un caso de emergencia. La tendencia hacia un fuerte especicismo (2), que considera que los intereses humanos de cualquier tipo son siempre superiores a los intereses de los animales, subestima los términos de «necesidad» y «defensa propia». Aunque muy pocos humanos reconocen abierta y públicamente que se apegan a una fuerte tendencia especicista, sin embargo, muchas prácticas realmente requieren una silenciosa aceptación de este principio.

Una versión más débil, llamada especicismo débil, que sólo da a las necesidades más importantes y vitales de la humanidad absoluta prioridad sobre los intereses animales, es algo que muchas más personas apoyarían. Desde esta perpectiva, los intereses vitales humanos (de vida o salud, por ejemplo) nunca estarían sujetos a consideración frente a los intereses de los animales.

Este tipo de humanismo débil en el que sólo se da un trato preferencial a los humanos en casos en que su vida o su salud peligran, sin embargo, también es una subestimación de los términos morales como «defensa propia» y merecen crítica. Consideremos, por ejemplo, un experimento en animales llevado a cabo para descubrir un remedio para el SIDA o el cáncer. Estas enfermedades en buena parte son debidas al comportamiento humano, por la negligencia consciente de ciertas acciones o por malos hábitos. Ahora, por ejemplo, las conocidas consecuencias de los riesgos incurridos por fumar excesivamente se quieren curar a costa de la vida y calidad de vida de animales inocentes. Esto es tan evidentemente injusto que sólo pueden pasarlo por alto humanistas profundamente arraigados. ¡El humanismo termina donde otras especies empiezan!

El vegetariansimo pone un claro aviso en una sociedad que tiende a considerar la moralidad como el simple resultado de convenios y regulaciones entre los humanos. Hay, sin embargo, simples razones de prudencia que hablan en favor del vegetariansimo limitado a lo que supuestamente promueve la salud humana o la pureza espiritual. Al final, esto puede ser en beneficio de los animales, pero no promueve una consideración directa por los animales. La unilateralidad de estas razones de prudencia está basada en el razonamiento implícito del humano «centrado en sí mismo» a favor del vegetarianismo, la consideración directa se da exclusivamente al bienestar humano o su salvación. Sin embargo, es un valor añadido que las recomendaciones de los nutriólogos también apuntan en la dirección del vegetariansimo. Por lo tanto, las razones morales están complementadas por consideraciones centradas en el ser humano como la salud y felicidad.

Una de las razones morales más significativas es el respeto general del bienestar de todas las criaturas con capacidad de sentir. El matar por el hecho de acortar el ciclo de vida también se considera una infracción del bienestar. Mas aún, el comer todos esas criaturas porque somos intelectualmente superiores es una idea atávica de la moralidad. La explotación de un ser más débil y particularmente vulnerable es contraria al saludable deseo de respeto propio, esto es, el deseo de no vivir a costa de otros seres capaces de sentir sin grandes penurias.

Publicaciones:

  • Wolf, Jean-Claude (1992): Tierethik. Neue Perspektiven für Menschen und Tiere, Paulusverlag Freiburg Schweiz [ISBN 3-72228-0290-3].
  • Wolf, Jean-Claude (1997): Zur moralischen Bedeutung von Selbstachtung, in: Freiburger Zeitschrift für Theologie und Philosophie 44, 3, 368-395.
  • Wolf, Jean-Claude (1998) (gemeinsam mit Peter Schaber): Analytische Moralphilosophie, Alber, München und Freiburg i. Br.
Prof. Dr. Jean-Claude Wolf, Catedrático de Etica y Filosofía Política, Universidad Miséricorde, CH-1700 Freiburg / Suiza
Tel. +41 (0)26 – 300 75 21/ 20/ 19; Fax 026 – 300 97 86
Jean-Claude.Wolf@unifr.ch

(1) Probablemente más del 90 % de los cerdos no son criados en un ambiente natural, principalmente por razones económicas.
(2) 'Especicismo' se refiere a la preferencia por los miembros de su propia especie sin una razón independiente, válida. La expresión describe un déficit en el razonamiento o un trato preferencial arbitrario hacia los miembros de la propia especie. En el siguiente texto, usaré las expresiones 'especicismo' y 'humanismo' indistintamente, aunque generalmente, el término humanismo se usa valorativamente.

  • Animales – del índice de artículos de la IVU
  • Filosofía / Etica - (incluye derechos de los animales) del índice de artículos de la IVU

Traducido por Karla Torres - katorres@mty.clubinter.net


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